Se registra donde ocurre.
Pesajes, sanidad, reproducción, movimientos, alimentación, tareas, notas, fotos, audio y ubicación. Sin señal el trabajo no cambia: cambia únicamente el momento en que la información llega al servidor.
La mayor parte del trabajo ganadero ocurre donde no hay cobertura. Modo Campo permite cargar todo en el momento y sincronizar cuando el dispositivo vuelve a tener señal, sin duplicar ni perder nada.
La aplicación no se degrada cuando falta cobertura: se registra igual y la sincronización queda pendiente.
Pesajes, sanidad, reproducción, movimientos, alimentación, tareas, notas, fotos, audio y ubicación. Sin señal el trabajo no cambia: cambia únicamente el momento en que la información llega al servidor.
Cada operación se guarda en el dispositivo con su estado. Al recuperar señal se sincroniza controlando duplicados y detectando conflictos entre dispositivos y personas.
Buscador por caravana o nombre, ejemplares recientes, accesos rápidos configurables y borradores que se pueden retomar. Todo disponible con el dispositivo aislado.
Lo cargado conserva la fecha y la hora del momento en que ocurrió, no la del momento en que se subió. Un pesaje del martes queda como del martes aunque sincronice el viernes.
Buena parte del software ganadero se diseña asumiendo conexión y después agrega algún paliativo para cuando no la hay. El resultado es conocido: la aplicación abre pero no encuentra el animal, el formulario no guarda, y termina apareciendo la libreta.
La realidad de un campo argentino es que la señal es intermitente y desigual. Hay cobertura en el casco y no en el potrero de atrás. Hay antena que anda con viento sur. Hay lugares donde el teléfono muestra una barra que no alcanza para subir una foto.
Y el trabajo que más información produce —la manga, la parición, la recorrida, el corral— es justamente el que ocurre lejos del casco.
Modo Campo parte de esa realidad en lugar de tratarla como una excepción. La aplicación funciona completa sin conexión, y la sincronización es una operación posterior que el sistema administra, no una condición para empezar a trabajar.
La diferencia práctica es simple: nadie tiene que decidir si vale la pena cargar algo ahora o anotarlo para después. Se carga siempre, y después se sube solo.

Sincronizar no es simplemente subir. Cuando varias personas trabajan sobre los mismos animales desde distintos dispositivos y sin conexión, aparecen situaciones que hay que resolver con criterio.
El mismo pesaje cargado dos veces porque el primero pareció no haber quedado. Un movimiento que se registró desde dos equipos. Un dato que se modificó en el casco mientras alguien lo modificaba en el corral. Un registro cargado con fecha de ayer que llega después de uno cargado hoy.
La cola local guarda cada operación con su origen, su fecha y su estado. Al sincronizar, el sistema detecta las repeticiones en lugar de crearlas, marca los conflictos para que alguien decida, y deja constancia de lo que quedó pendiente.
Es la parte menos visible del producto y la que más problemas evita. Un registro duplicado no es un inconveniente estético: infla existencias, ensucia índices y termina apareciendo en una declaración.
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Con señal, la aplicación deja disponible lo que hace falta para trabajar aislado: ejemplares, lotes, accesos rápidos y borradores.
Todo se carga y se guarda en el dispositivo apenas se registra. La falta de conexión no bloquea ninguna operación.
Al recuperar cobertura la cola sube sola, controlando duplicados y señalando lo que necesita una decisión.
Trabajar sin conexión plantea una pregunta razonable: si lo cargado queda en el dispositivo hasta que haya señal, qué pasa si ese dispositivo se cae en un corral, se moja o se pierde antes de sincronizar.
La respuesta honesta es que lo que todavía no sincronizó está en riesgo, como lo estaría una libreta. La diferencia está en cuánto tiempo dura esa ventana y en qué se hace para achicarla. La cola de operaciones pendientes se muestra siempre visible, con la cantidad exacta de cambios sin subir, y la aplicación sincroniza sola apenas detecta conexión, sin que nadie tenga que acordarse.
En la práctica eso significa que la ventana de riesgo es el tiempo entre la última operación y el primer momento con señal, que en la mayoría de los establecimientos es de horas y no de días. Y si el dispositivo aparece, la cola sigue ahí: no se pierde por cerrar la aplicación ni por reiniciar el teléfono.
El acceso, además, está atado a la cuenta y no al aparato. Un teléfono perdido no expone la información del establecimiento a quien lo encuentre, y desde otro dispositivo se sigue trabajando con los mismos datos ya sincronizados.
Los conectores de hardware suelen fallar justo donde más se los necesita, porque muchos dependen de una consulta al servidor para resolver a qué animal corresponde la lectura. En la manga, sin señal, eso los deja inservibles.
La lectura de una caravana electrónica y el peso que envía la balanza son datos que llegan por Bluetooth desde el equipo hasta el teléfono. Nada de eso requiere internet. Lo único que lo requeriría es buscar el animal, y por eso los ejemplares se descargan al dispositivo antes de salir.
Con el padrón local, el bastón lee la caravana, la aplicación resuelve de qué animal se trata, la balanza manda el peso y todo queda asociado a la ficha correcta sin que nadie dicte ni transcriba un número. Los errores de transcripción, que son la fuente más común de datos malos en un registro ganadero, desaparecen por diseño y no por cuidado.
Cuando vuelve la señal, esas lecturas suben con el resto de la cola. El trabajo de manga no se interrumpe ni se rehace: se registró una sola vez, en el momento, con el equipo que ya estaba ahí.
Pesajes, eventos sanitarios, servicios y tactos, movimientos entre potreros y establecimientos, alimentación, tareas, notas, fotos, audio y ubicación. También se pueden buscar ejemplares por caravana o por nombre y recuperar borradores empezados antes.
La sincronización detecta el conflicto en lugar de duplicar el registro. Cada operación conserva el estado y el dispositivo desde el que se originó, de modo que se puede revisar qué quedó pendiente y qué se resolvió.
No. Lo cargado se guarda en el dispositivo apenas se registra, no al sincronizar. Al volver a encender, la cola local sigue ahí con todo lo pendiente de subir.
No. ProCampo.ar se instala desde el navegador y queda con su propio ícono, como cualquier otra aplicación. Funciona en Android, en iPhone y en la computadora.
No hay un límite de jornada. Se puede trabajar varios días sin cobertura y sincronizar al volver al casco o al pueblo. Lo que se carga queda con su fecha y hora reales, no con la del momento de sincronizar.
Sí. Los conectores de hardware permiten que la balanza envíe el peso y el bastón lea la caravana sin que nadie transcriba números, y eso también funciona sin conexión a internet.
Lo cargado queda guardado en el dispositivo, no en la memoria de la aplicación. Al volver a abrirla la cola de operaciones pendientes sigue ahí, con la cantidad exacta de cambios sin subir, y se sincroniza sola apenas hay señal.
Funciona desde el navegador y además se puede instalar en el celular o en la computadora sin pasar por ninguna tienda. Instalada abre con ícono propio y sin la barra del navegador, y es la forma recomendada para trabajar en el campo.
Sí. Cada una trabaja con su cuenta y su propia cola de operaciones, y al recuperar señal ambas suben lo suyo. Los registros se identifican con quién los cargó, así que después se sabe de dónde salió cada dato.
Rodeos de cría, recría e invernada: ficha por caravana, pesajes, reproducción, sanidad y costos por lote.
Haras y caballerizas: identidad y reseña, genealogía, sanidad con vencimientos, documentos y propiedad.
Majadas manejadas por lote: señalada, esquila, producción de lana y carne, sanidad y existencias.
Cargá en la manga, en el potrero o en el puesto. Sincronizá cuando puedas.