Ficha completa por animal.
Caravana e identificación oficial, categoría, raza, fecha de nacimiento, madre y padre, fotos, documentos e historial. Todo lo del animal en un solo lugar y no repartido entre planillas.
Cría, recría e invernada con la información del rodeo en un solo lugar. Cada animal con su caravana, su historial y sus costos, y las existencias que pide el trámite ya registradas cuando hacen falta.
Producción, reproducción, sanidad, movimientos y costos sobre la misma ficha, sin pasar información de una planilla a otra.
Caravana e identificación oficial, categoría, raza, fecha de nacimiento, madre y padre, fotos, documentos e historial. Todo lo del animal en un solo lugar y no repartido entre planillas.
Historial de pesadas, ganancia diaria por período, condición corporal, peso al destete y alertas por ejemplares sin controlar. Con conectores para balanzas y bastones lectores.
Planes sanitarios y campañas, tratamientos con tiempos de espera, servicios naturales o inseminación, tactos, pariciones y destetes, con el índice de preñez y el de destete calculados sobre lo registrado.
Alimentación, sanidad, personal y servicios imputados al lote o a la categoría. Ventas, consignaciones y resultado por unidad de negocio, para saber qué parte del campo deja y cuál no.
Un trabajo de manga produce mucha más información de la que suele sobrevivirle. Se pesa, se revisa, se vacuna, se marca, se aparta. Y buena parte de eso queda anotado en una hoja apoyada en el tranquera, escrita con la mano sucia y apurada, que después alguien tiene que interpretar y pasar a una planilla.
En ese traspaso se pierde información. El número que no se entiende se estima. La observación que el veterinario dijo al pasar no llega a escribirse. La caravana que se leyó mal queda mal para siempre, y aparece meses después como un animal que no existe o como dos animales que son el mismo.
ProCampo.ar registra en el momento y en el lugar. Se busca el animal por caravana o por nombre, se carga el peso, el evento sanitario o el movimiento, y queda asociado a su ficha. Si no hay señal —que en la manga es lo habitual— se guarda en el dispositivo y sincroniza después. No hay segunda carga, y por lo tanto no hay una segunda oportunidad de equivocarse.
Los conectores de hardware reducen todavía más ese margen: la balanza envía el peso y el bastón lee la caravana, sin que nadie tenga que dictar ni transcribir un número.

La ganadería argentina se apoya en registros que hay que mantener al día. El RENSPA vincula al productor con el establecimiento y con la actividad, y exige declarar existencias y superficie. El documento de tránsito electrónico ampara cada movimiento de hacienda y no se emite si la situación del establecimiento no está en regla. La campaña antiaftosa obliga a declarar el rodeo por categoría dos veces al año en buena parte del país.
Ninguno de esos trámites es complicado en sí mismo. Lo que cuesta es lo que va adentro: cuántos animales hay hoy, de qué categoría, cuántos nacieron, cuántos murieron, cuántos entraron y cuántos salieron.
Cuando eso se reconstruye a fin de ciclo, se reconstruye mal. Se cuentan los nacimientos por lote y se redondean. Se recuerdan las muertes grandes y se olvidan las de a una. Se copia la superficie de la declaración anterior sin revisar si cambió el arrendamiento.
La alternativa no es un trámite más simple, es no tener nada que reconstruir. Si el nacimiento se cargó el día que ocurrió y la baja el día que ocurrió, la existencia del 30 de junio no hay que calcularla: se consulta.
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Un rodeo se maneja con unos pocos números, y casi todos salen de datos que se registran de a uno.
El índice de destete —terneros destetados sobre vientres entorados— es el indicador que más dice de un rodeo de cría, y sale de haber registrado el servicio, el tacto y la parición de cada vientre. Si el servicio no quedó anotado, el índice es una impresión.
La ganancia diaria ordena la recría y la invernada: dice si la categoría está creciendo a la velocidad que justifica lo que come, y permite decidir el momento de venta con un criterio y no con una corazonada. Necesita al menos dos pesadas con fecha.
La carga por potrero cruza los animales que hay con la superficie y con lo que produce la pastura. Es lo que separa un ajuste a tiempo de un potrero castigado que tarda dos años en recuperarse.
El costo por kilo producido requiere que los gastos estén imputados donde corresponde. Un total anual del establecimiento no dice qué actividad deja plata; el mismo total repartido por lote y categoría, sí.
Ninguno de estos números se consigue con más análisis. Se consiguen con registro, que es la parte aburrida y la única que no se puede saltear.
Pesajes, sanidad, servicios, tactos, movimientos, alimentación, notas, fotos, audio y ubicación desde el celular, con buscador por caravana, ejemplares recientes y accesos rápidos.
La cola local evita duplicados, detecta conflictos entre dispositivos y conserva el estado de cada operación hasta confirmarla.
Índices, alertas y reportes sobre información cargada en el campo, no sobre una planilla reconstruida a fin de ejercicio.
Casi todo establecimiento sabe cuánto gastó el mes pasado. Muy pocos saben cuánto costó producir un kilo de carne, y menos todavía pueden decir si ese kilo salió más caro en la recría o en el rodeo de cría. La diferencia no es contable: es la que permite decidir si conviene vender el ternero al destete o recriarlo.
El problema de fondo es que el gasto se registra por rubro y no por categoría. La factura del veterinario entra como sanidad, la del acopio como alimentación, y ninguna de las dos dice a qué parte del rodeo fue. Cuando llega el momento de comparar, no hay con qué: solo hay un total y una intuición.
ProCampo.ar permite imputar el costo a la categoría o al lote que lo generó. Con eso el número deja de ser un total mensual y pasa a ser un costo por cabeza y por kilo producido, comparable entre categorías y entre ejercicios. La ganancia diaria sale de los pesajes que ya se registran; el costo, de los gastos que ya se cargan. Lo único que faltaba era vincularlos.
Sobre esa base se pueden responder preguntas concretas: qué categoría tuvo el peor margen esta campaña, cuánto costó el kilo ganado en el verdeo comparado con el campo natural, si el gasto sanitario del año se justificó en resultado. Ninguna de esas respuestas requiere cargar información nueva, solo que la que ya se carga esté atribuida.
Un reproductor de cabaña no vale solo por lo que se ve en la pista. Vale por su pedigree documentado, por los pesajes de su descendencia, por los datos de sus padres y por lo que ese conjunto permite proyectar. Un toro con la misma conformación y sin antecedentes registrados vale bastante menos, y esa diferencia no se recupera después.
El registro genealógico tiene una particularidad: no admite reconstrucción. Una filiación que no se anotó en el momento del servicio o del parto es prácticamente imposible de establecer más tarde con certeza. Y cuando falta un eslabón, se cae toda la rama que venía detrás.
Por eso la ficha del ejemplar guarda padre y madre vinculados a sus propias fichas, no como texto suelto. Desde cualquier animal se puede subir a sus ascendientes y bajar a su descendencia, con los pesajes y los eventos sanitarios de cada uno a la vista.
Ese mismo registro es el que después alimenta un catálogo de remate, una consulta de un comprador o una inscripción en la asociación de criadores. No hay que armarlo para la ocasión: ya está armado, porque se fue construyendo con el trabajo de todos los días.
Sí. Cada animal tiene su ficha con caravana e historial propio, y a la vez puede pertenecer a un lote sobre el que se registran pesajes, tratamientos y movimientos en conjunto. Lo que se carga sobre el lote queda reflejado en la ficha de cada animal.
Sí. Modo Campo permite registrar pesajes, sanidad, servicios, tactos, movimientos, notas, fotos, audio y ubicación sin conexión. Cuando el dispositivo vuelve a tener señal, la cola local sincroniza controlando duplicados y conflictos.
Identificación oficial y caravana, categoría, raza, fecha de nacimiento, madre y padre, peso al nacer y su historial de pesajes, condición corporal, eventos sanitarios, servicios y tactos, movimientos, fotos, documentos y costos imputados.
Sí. La genealogía se carga por ejemplar y se recorre en ambos sentidos: ascendencia y descendencia. Se pueden adjuntar certificados y documentos de la asociación de raza a la ficha del animal.
La plataforma no realiza el trámite ante el SENASA, pero mantiene las existencias por categoría actualizadas a partir de altas, bajas y movimientos registrados en el momento en que ocurren. Al llegar el trámite el número ya existe y no hay que reconstruirlo.
Sí. Los costos de alimentación, sanidad, personal y servicios se imputan al lote, a la categoría o al animal, y el resultado se puede leer por unidad de negocio en lugar de un total único del establecimiento.
Sí. La carga de trabajo del registro no depende del tamaño del rodeo sino de la cantidad de eventos, y un campo chico tiene menos. En establecimientos de esa escala el beneficio suele aparecer antes, porque no hay personal administrativo dedicado y la planilla depende de una sola persona.
Sí. La importación toma una planilla con los ejemplares, sus caravanas y sus datos básicos, y avisa fila por fila qué se cargó y qué quedó afuera y por qué. Lo habitual es empezar por el inventario de animales y sumar el histórico de pesajes después.
Sí. Cada ejemplar guarda su padre y su madre vinculados a sus propias fichas, así que la genealogía se recorre hacia arriba y hacia abajo en varias generaciones. También se adjuntan certificados y fotos, que es lo que después se necesita para un catálogo de remate o una consulta de un comprador.
Haras y caballerizas: identidad y reseña, genealogía, sanidad con vencimientos, documentos y propiedad.
Majadas manejadas por lote: señalada, esquila, producción de lana y carne, sanidad y existencias.
Registro sin conexión en la manga, el potrero o el puesto, con sincronización controlada al volver.
Pesajes, sanidad, servicios y movimientos registrados cuando ocurren, incluso sin señal.